jueves, 8 de mayo de 2014

ESTE JUEVES:ROMANCES AMBIENTADOS




Vestido de negro, bien rasurado y perfumado, Alberto se dirigía con paso cansino hasta el tugurio de las afueras, un local de poca clase en el que  amenizaba las noches de un público poco dado a escuchar, el alcohol corría a raudales y las peleas eran diarias, camorristas con muchos tiros dados, con un bagaje  de desventuras y desamores, gente de poco fiar.

   Llegaba a las diez, una hora antes de que abriera el local y despacio sacaba su viejo instrumento de la funda y lo colocaba sobre la peana mientras  se tomaba la primera copa.

En la trastienda se encontraban el dueño y sus esbirros siempre a sus órdenes, perros temerosos de recibir un tiro por la espalda por encargo del jefe si no actuaba según sus reglas. Entre ellos una mujer, una joven de facciones bonitas y gesto triste, siempre callada, esperando una mirada de su amo para obedecer sin rechistar. Cuando abría el local  se colocaban en las mesas del fondo desde donde vigilar lo que fuera transcurriendo. En la mesa del rincón cerca del escenario, ella se sentaba semioculta,  un leve reflejo de luz la iluminaba, suficiente para ver que en muchas ocasiones su mirada se veía empañada por lágrimas. Cerraba levemente los párpados queriendo limpiar la imagen borrosa. No dejaba de mirar al escenario y con cada nuevo tema su expresión iba cambiando, unas veces caía en una profunda melancolía mientras  otras, llevada por un ritmo más alegre, se veía sonreír sutilmente.  Era la única persona que escuchaba su música y él sentía cada noche que ella era el motivo por el que seguía tocando, imaginándose a aquella linda muchacha acercándose despacio, con pasos sugerentes y que apartando el saxo de su boca lo sustituía por sus labios obsequiándolo con un largo beso.  Imaginaba que alguna noche, en una de las broncas que allí se formaban, ella correría a sus brazos y él la salvaría y se irían lejos, muy lejos, a vivir una vida de amor.

   Pero las noches se seguía sucediendo, una tras otra,  y eran todas iguales, ella se mantenía en su penumbra y el tocaba tristemente el viejo cacharro metálico.


Texto reducido de mi relato El Saxofonista.


Más romances en el blog  de Mónica, Neogeminis







14 comentarios:

Ester dijo...

El amor platónico puede ser muy triste. Un abrazo

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Un amor sutil que insiste en mantenerse entre las sombras, quizás por impuesto decoro, quizás por mera supervivencia.
Una muy sentida historia.
Gracias por sumarte!
=)

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Los dos imaginan que el otro se atreve. Pero no sucede, que deprimente.

Azulia PourToujours dijo...

Hola Leonor, bella historia, lástima que ninguno de los dos se atreve a matar la rutina, o cambiar las cosas, ninguno da el paso.

Sindel dijo...

Qué pena que ninguno de los dos se animara a dar el primer paso, eso de amarse en silencio es triste.
Ojalá alguna noche de estas marquen la diferencia.
Un beso.

Montserrat Sala dijo...

Triste tu relato, pero real. Es muy dificil salirse de estos círculos. Los dogos estan siempre alerta y al servicio de matón.
Saludos y buen fin de semana, Leonor.

censurasigloXXI dijo...

Vayaaaa, ha salido un argumento mafioso de amores prohibidos ente la chica del capo y el saxofonista... cuenta, cuenta ¿Cómo acaba la peli? :)))

Un besito y tu café.

Juan L. Trujillo dijo...

Enhorabuena por el excelente climax con el que has conseguido ambientar este bello relato de amor y desesperanza.
Un abrazo.

Tracy dijo...

Muy triste pero le has sabido dar ese toque de esperanza para que los protagonistas puedan seguir tirando de su triste existencia.

Carmen Andújar dijo...

Una historia de amor puede suceder en cualquier sitio y en este caso, escuchado un bella melodía; aunque ninguno de los dos dirá el primer paso.
Un abrazo

Pepe dijo...

Por los sueños hay que hacer algo más que soñar, hay que hacer lo necesario para hacerlos posibles o al menos intentarlo. No sirve dejarse invadir por la desidia y la rutina. Es un estado que a nada conduce salvo a seguir, día tras día tocando el saxo el y oyéndolo en la penuymnbra ella.
Un abrazo.

casss dijo...

Impecable. No te digo más.
Ah...sí: me encantó.

un abrazo

Alfredo dijo...

Muy bien ambientado, se percibe el humo de los habanos, el miedo de ella y el deseo de él.
Ojalá... algún día.
Besos

Tyrma dijo...

Bonita historia de amor, parece que la empatía les lleva a la conjetura y a la ensoñación. Me guata incluso el final.